

Muchas personas viven el “ser de izquierdas” como una marca más. Una señal de identidad que se exhibe y que singulariza; que establece un “nosotros” y un “ellos”; que muestra que son diferentes, que son especiales, que son mejores. Como los adolescentes y los horteras que compran productos de diseño con los logos bien visibles, muestran con orgullo las características que dejan claro a qué grupo pertenecen. Son muchos los detalles. Seguro que a ustedes se les ocurren unos cuantos. Es verdad que no son siempre los mismos. Ya han superado esa devoción bobalicona ante un cine que les aburría mortalmente en sesiones de arte y ensayo y ahora disfrutan con fruición del cine Clint Eastwood que hace unos años denostaban con pasión digna de mejor causa.
Gran parte de esa imagen dependía de la construcción del otro, de aquéllos que no querían ser, la derecha, a la que atribuían todas aquellas características de lo que odiaban. De este modo, mientras que ellos tenían valores, los demás tenían intereses. Mientras que ellos eran solidarios, los demás eran egoístas. Mientras que ellos amaban la innovación, la vanguardia y la experimentación, los demás detestaban el cambio y buscaban volver al pasado, mantener las tradiciones o, peor aún, recuperarlas.
Nunca ha sido cierta esa imagen. Pero la legitimidad que unos y otros les otorgaban les eximía de ser coherentes o de ajustarse a la realidad. Muchas cosas han cambiado. Siguen pensando que quien no es como ellos o es estúpido, o está engañado o es perverso. Pero los demás ya no callan y bajan la cabeza cuando oyen estas cosas. Se han vuelto respondones. Y los que hacen de la marca “izquierda” una especie de religión, asisten atónitos al espectáculo de una ciudadanía que no respeta sus consignas, que actúa del modo que cree más adecuado y que tiene opiniones que difícilmente cabe clasificar con etiquetas que provienen del siglo XIX.
Esos progres para los que algunas ideas son más que opiniones políticas y constituyen modos de ser y estar en el mundo, que creen que son más buenos y más inteligentes por tenerlas, están perdiendo muchas batallas. Pero la que no parecen dispuestos a perder es la de que la cultura es “cosa suya”. La “cultura” es una fortaleza en la que se han pertrechado para dar la batalla final. Saben, obviamente, que no sólo ellos leen o aman la música; pero creen que nadie lo hace como ellos. De los otros son las artes y las creaciones del pasado, los vetustos museos y las lenguas muertas; de ellos son la experimentación y la vanguardia, la ruptura de la norma y la creación de nuevas formas de expresión. Y cuando algunos pretenden entrar en un campo que creen suyo, saltan irritados porque no están dispuestos a tolerarlo. ¿Cómo alguien puede ser transgresor si no es de los nuestros? ¿Cómo alguien puede querer retar las prácticas establecidas si no nos ha pedido permiso? ¿Cómo alguien puede querer introducir cambios sin consultarnos? Nosotros, exclaman irritados, somos la ciudadanía democrática. En nosotros está la legitimidad cultural, afirman con vehemencia. Y les sale el reflejo stalinista cuando condenan todo aquello que no cuenta con su visto bueno.
Así, a pesar de que sólo en Murcia capital es imposible asistir a una mínima parte de los eventos culturales que se producen, exclaman indignados: ¡Murcia es un desierto cultural! Cuando se hacen esfuerzos por dar a conocer el patrimonio cultural de nuestra región al resto de España y por todo el mundo, afirman: ¡cultura del espectáculo! Cuando se quiere traer lo mejor del arte contemporáneo a nuestra Región y se quiere hacer de Murcia una Región atractiva para el turismo cultural, se amostazan y, puestos en jarras, exclaman: ¡hay que promocionar a los artistas propios! Cuando se impulsa a los creadores locales en Nueva York, Madrid o Berlín, fruncen el ceño y con un mohín despectivo se despachan con un: ¡provincianos!
La sociedad murciana se transforma a pasos agigantados y los que creen que “ser de izquierdas” es un modo de vida, cada vez se muestran más autistas e ignorantes de la realidad que les rodea. Su desprecio a los ciudadanos, su profundo rechazo a que la gente pueda pensar, decidir y vivir sin necesidad de consultarles, constituye el muro que les impide comprender la Murciadel presente. Parten de que la cultura es cosa suya. Los demás no la aman ni la conocen. Sólo la utilizan para sus propósitos ruines, pues sólo ellos, ya sabemos, son demócratas, inteligentes y buenos. Y mientras repiten sus mantras, solicitan subvenciones. Para eso no hacen ascos nunca, por cierto.
| María |
| 07/03/08 - 22:08 Mmmm...Esa actitud no hay por qué atribuírsela a los izquierdosos. Me refiero a que hay gente que ve las cosas de esa forma, que el del otro bando es un obstáculo para la cultura, pero independientemente del partido con el que simpatice. Quizás predominen en la izquierda los grupos de asnos que piensan así, pero son eso, grupuchos. |
| Seni |
| 08/03/08 - 10:33 Evidentemente parecer de izquierdas en una edad determinada es sintoma de provocación, si los allegados son derechosos.Y es sintoma de buen rollito entre los amigetes que también, por utilizar ese argot, van de ese palo. Pero hay que diferenciar el hecho de parecer del hecho del ser. Los filósofos sabemos que no es lo mismo ser que parecer, que se lo digan a Platón o a Parménides.Creo que ese es uno de los grandes problemas de la Izquierda, que ha quedado vulgarizada a nada más allá que una etiqueta molona y simpaticona que a la larga se muestra más reacionaria y peligrosa que cualquier derecha ultra que se precie. El no ser nada más que un propósito de apariencia o la relectura de unas ideas anacrónicas y no reutilizables para el aquí y el ahora, pese al interés que pueda encontrarse desde la historia o la filosofía, hace que se viva en una realidad acontextual. Es entonces en esa ausencia de horizonte o contenido para la praxis cuando aparece la caricaturización que me invade de tristeza. Es entonces cuando aparecen todos esos chicos de Alfonso X y de ex-colegio católico bestidos de pelagatos pordioseros que alzan su diabolo al viento dejando pasar las horas que en otro caso menos subnormal dedicarían al estudio.Y sin embargo hablan de Marx y la propiedad entre dientes sin haber ni siquiera tenido la decencia de leerle. Esa es una parte de la izqierda, la otra se despreocupa si quiera de parecerlo y no se sabe ni de que van porque pasan según dicen de la merienda de negros de los políticos y no votan, quizá ¿porque no creen en la democrácia?o quizá porque van tan fumaos que no pueden ni menearse hasta las urnas, a saber de todo habrá. Y por fin llegamos a la Izqierda Zp,que no deja de ser precisamente un señorito leones que quiere parecer un chico revelde, en su ideario político deberia llamarse "diario de un revelde", ya que con el hecho de permitir casarse a los gays se cree que ha cambiado el mundo. No voy a decir que no sea importante para a quién le incumba, pero con eso y con poner patas arriba la educación y joder la vida a los filósofos, no se gobierna cuatro años un pais... En fin eso si cultos son un rato largo sobretodo los pelagatos callejeros de los que antes he hablado. Me resulta muy chocante ésta España nuestra votante del PSOE durante la decada de los 80, y ahora votante de la oposición...¿Será que en éste pais la izquierda no funciona o funciona de malas maneras? |
| PERLA NEGRA |
| 08/03/08 - 12:06 menos mal que estan ahí, se atribuyen el avance y el desarrollo de toda sociedad... Asi que el adelanto en cualquier tecnocologia tambien es cuestion de ellos. uy! que seria mi de mi vida siiii....ellos no hubieran estado en el poder???? no llevaria movil(o seguiria siendo el ladrillo del principio), no estaria escribiendo lo que escribo porque no habria internesss,es mas, quemariamos a las brujas en las hoguericas, mi jombre me arrastraria de los cabellos, estaria a esta horita en rio Segura cantando asi lavaba, asi! asi!, asi lavaba, asi! asi!, asi lavaba que yo la vi...es mas no sabria leer ni escribir (como soy mujel) uffff!!! calla!! calla!! |
| María |
| 08/03/08 - 14:47 Maaadre, anda que si la gente de izquierdas sólo pudiese incluirse en uno de esos dos grupos... Por cierto Seni, desde mi humilde punto de vista no creo que haya que ser filósofo para ser capaz de distinguir el ser y el parecer. |
| Palma |
| 08/03/08 - 23:58 ......sin comentarios. |
| Cuallis |
| 09/03/08 - 09:10 Estoy de acuerdo en muchas de las cosas dichas por ti, pero no me negarás que dar a conocer el patrimonio cultural de nuestra región al resto de España a traves de "Murcia que hermosa eres" se puede tildar de cultura del espectáculo, bochornoso, pero espectáculo. En cuanto al arte contemporáneo que corre por Murcia no puedo opinar pues como dijo Don Mendo a mi lo enigmático nunca me resultó simpático y supongo que con esa millonada que se están gastando se podría traer alguna exposición itinerante de arte un poco mas próximo y asequible. Si que es cierto que iniciativas como Archivo sonoro que organiza el archivo general y la Consejería de cultura han dado una nueva parcela a la cultura. |
| Seni |
| 09/03/08 - 14:20 Maria, nadie dijo que la distinción entre el ser y el parecer sea conocimiento exclusivo de filósofos, lo que si es cierto es que lo trabajamos con la metafísica.No quise decir por supuesto que tú no fueses a saberlo, claro. Con respecto a la izquierda creo que se vivencia el hecho político en una nebulosa menos definada que la derecha. |
| Nitoes |
| 10/03/08 - 07:31 Parece que no les ha ido mal repitiendo mantras. Así que Mr.Rajoy tendrá que inventarse algo más para la próxima. Lo de la niña no ha terminado de entenderse en el público. Otra vez será. |
| Seni |
| 10/03/08 - 13:30 Lo de la niña no habrá tenido éxito, pero Zp y sus mantras no han de confiarse demasiado porque Rajoy le pisa los talones, y eso se sabe.Además tambien supongo que sabrá,suponiendole capacidad autocrítica, que su política ni mucho menos ha sido para tirar cohetes.Creo que ni Zp se esperaba el resultado de las elecciones. |