
Adela Martínez Cachá
Cuenta la fábula que hace mucho tiempo una mujer tenía una granja y, allá, al fondo del patio, un alegre gallinero. La gallinas eran muchas, pero ponían pocos huevos, y la granjera decidió buscarse un empleado que le ayudase salir de la crisis por la que atravesaba su propiedad. De modo que publicó un anuncio en el periódico que leen los personajes de los cuentos y se dispuso a entrevistar a los candidatos.
Vino el asno y habló de este modo:
- Leí su anuncio, ¿puedo servirla, señora?
- Perdone, pero no me gusta. Con esos cascos...
Vino una vaca; pero a la granjera le desagradaron sus cuernos. Llegó un marrano, y le repelía su olor, llegó el lobo, y la dama lo expulsó porque le veía cara de neoliberal..., y así hasta que llegó una zorra, que es la protagonista de nuestro cuento, como ya se veía venir. La zorra tenía su labia reposada, su puntito femenino y hasta su poética; todo ello enmarcado en unas cejas finas y harto picudas que denotaban sentimientos y principios elevados. Con eso y poco más, la zorra en cuestión embaucó a la dueña de la granja, que la contrató al segundo.
"Ha tomado usted la decisión adecuada", dijo la zorra, "yo tengo mucha experiencia en el gobierno de las granjas. Es más, si se trata de salir de una crisis, nadie es más experto que yo, porque vengo de una granja en la que ya casi todas las gallinas están en paro, de modo que le agradezco su confianza y confío en que no se arrepentirá"
¡Maravilloso! Todo caminó bien por 15 días, porque la zorra, aunque parezca mentira, quería ser persona de provecho. Pero cuando le atacó el hambre, y a falta de huevos, ¿a quién le importaban un par de pollos? Luego, tras de probarlos, ¿y por qué no un par de gallinas? Total, están dormidas. Y así, hasta que se zampó el gallinero entero
Esta fábula bien podría servir para ilustrar la situación que plasma el diario británico "Financial Times", que ha dedicado un editorial envenenado al programa de trabajo de la presidencia española de la Unión Europea. Bajo el título "Una España torpe debe guiar Europa", el periódico asegura que el plan español es "extraordinariamente anodino" y aconseja al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, dejar a un lado la aplicación del Tratado de Lisboa y centrarse en la gestión de la crisis económica.
Y ahí es donde está la madre del cordero. En que Zapatero llega a la presidencia de una Europa cuyo principal problema es, precisamente, el lastre económico que le supone la España de Zapatero. Es como si encargas al más tarugo de la clase que le explique la lección a los demás, salvando las distancias a favor de la inocencia del tarugo. Más bien se trata de poner la zorra a cuidar de las gallinas. El actual gobierno de España no ha acreditado capacidad de dirección, lo cual a priori debería ser condición indispensable para liderar en estos momentos a la Unión Europea. A la par que estrena cargo en la Presidencia semestral rotatoria de la UE, se hicieron públicos datos demoledores: La Oficina Estadística Europea confirmaba que somos uno de los pocos países de la Euro-zona que siguen en recesión, nuestra tasa de paro ronda el 25% y somos lideres absolutos del paro juvenil europeo. Un desastre. Una vergüenza que el gobierno no parece compartir, porque en medio de todo este drama el gobierno sigue adelante con su fiesta. Medio millón de euros al día durante todo el próximo semestre piensa gastarse en su presidencia europea. Que no falte de nada, que se dice en los bautizos
Mientras tanto, los que viajen a la capital belga podrán gozar de la ultima excentridad cultural con que la zorra pretende adornar su gallinero. En este caso se trata de una videoinstalación de Canogar llamada “Travesías” que colgará en el vestíbulo del edificio Justus Lipsius, sede del Consejo Europeo. La obra en cuestión exhibe a unos tipos que se arrastran y hacen cosas así, muy simbólicas y muy de que te las expliquen. Por supuesto, carece de referencia alguna a símbolos nacionales, ni a los colores de nuestra bandera, ni a nada de nada, como si la zorra se avergonzase de ser quién es. Zapatero no quiere enseñar su patria, porque tiene miedo a la rebelión de las gallinas. Ya lo han hecho. Alemania bufa ante las sanciones anunciadas por la nueva presidencia. Inglaterra lamenta que el más torpe se ponga al frente del pelotón. Los países que crecen (casi todos ahora) temen la subida del IVA con la que amenaza nuestra zorra de las cejas elevadas, y el gallinero entero está que se va. Se van a enterar ahora los europeos de lo que vivimos aquí cada día. Igual hasta les damos lástima y nos mandan sus oenegés. Liberales sin Fronteras, por favor.
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